¿Quién no conoce los gestos de algún ser querido? ¿Quién no alguna vez se extasió con la forma de mirar o alguna actitud de alguna persona?
Hay personas que para uno no pasa desapercibido hasta por un movimiento leve de sus manos o la manera que gesticuló ante una reacción. La manera de hablar, algo que dijo, que tal vez no sea tan importante pero para uno en un momento le sonó como una hermosa canción.
Hasta el silencio de algunos es tan penetrante que nos queda grabado, nos enseña, nos alegra. Esas cosas son para mi a los que llamo “fotos” porque lo registra la mente primero, luego lo percibe el alma y termina guardándolo en el corazón.
Y el corazón termina siendo el marco perfecto de esas fotitos que unidas se forman los recuerdos y los recuerdos cuando son bellos son los que te alegra el alma y te llenan de esperanzas.
Es como cuando nos sacamos una foto de verdad en un lugar, solo o acompañado y entonces perpetuamos un instante en el que estuvimos felices de estar allí, que nos haya pasado. Pero es pasado ¿no?
Por eso me gustan más las “otras fotos” porque no solo pueden ser imagines, sino aromas. Un registro del aroma de la piel de una mujer valen mas que mil fotos en papel de ella.
Y cuando me lleno de fotitos de una persona, luego que mi alma la armó, queda completa en el marco del corazón. Me doy cuenta que son las pequeñas cosas que hacemos lo que nos hace eternos.
Una época me llenaba de fotos de familiares y amigos en mi modular, luego las fui cambiando por libros, objetos que traigo de mis viajes y las fotos las guardo dentro de mi. Allí no se ponen amarillentas, ni se cuartean.
Lo más curioso es que tengo fotos de cosas que nunca pasé o vivencié. A mi hijo lo vi nacer y luego, cuando lo volví a ver con el tiempo ya le estaba preguntando como se llamaba su novia. Pero su mamá me contó su infancia, me mostró fotos reales y entonces, comencé a revelar fotos en mi mente, cambiándole los pañales, acunándolo, luego llevándolo a la escuela y ver cuando era abanderado. No me arrepiento de lo que pasó, pues tengo las mejores fotos y aún de aquello que no pudo ser.
No guardo ni una sola foto de mis amigos de la colimba, sino que están todas en el marco de mi corazón.
Así, creo que nos pasa a todos ¿no les parecen? Entonces ¿no ves que tenés historia?. No hay tecnología que pueda superar esas sensaciones. Guardar un montón de momentos especiales, de personas, de lugares, de hechos, de besos, de risas, de llantos, de vida… Antes de acostarme miro al cielo, busco un estrella y le sacó una foto con mi corazón, a la mañana cuando me levanto y miro por la ventana, entonces saco otra foto y me digo “Gracias a Dios, aún tengo tanto rollo por dar”
muy bonitas palabras, me llegaron jjaja
gracias porque aun tengo tanto por dar….
debo recordar eso siempre
un saludo
Hermoso este escrito, sensacional y bastante conmovedor. Es cierto lo que dices de los olores, aún tengo grabado en mi memoria nasal el olor de un chico que hace muchos años fue mi novio, la brisa que sentía sentada en las tardes en la plazoleta de la universidad o el sabor de una comida que me gustó hace años en otra ciudad.
Esas si son las mejores fotos y por lo que veo, seguiré tomando más para mi alma!!!
Saludos.